A más de 4,400 metros sobre el nivel del mar, en medio de la majestuosidad y el silencio de los Andes, fue inaugurada y bendecida la Capilla Santa María Madre de Dios, edificada en memoria del Padre Hugo de Censi. La celebración fue presidida por monseñor Giorgio Barbetta, administrador apostólico de la Diócesis de Huari, y reunió a sacerdotes, catequistas, voluntarios y numerosos peregrinos en una jornada de fe, gratitud y esperanza.
En las alturas de Huachucocha, en los límites de las provincias de Huari y Carlos Fermín Fitzcarrald, dentro del ámbito de la Comunidad Campesina de Tahsta, una nueva capilla se levanta entre las montañas como signo de fe, memoria y esperanza. A más de 4,400 metros sobre el nivel del mar, la Capilla Santa María Madre de Dios encuentra en la inmensidad del paisaje andino un entorno privilegiado para el silencio, la contemplación y el encuentro con Dios.
La Santa Misa y el rito de bendición fueron presididos por monseñor Giorgio Barbetta, administrador apostólico de la Diócesis de Huari, acompañado por sacerdotes y con la participación de fieles y peregrinos procedentes de diferentes lugares de la costa y la sierra, así como de diversas parroquias, quienes emprendieron el camino hasta Huachucocha para ser parte de esta significativa jornada eclesial.
Al inicio de la celebración, monseñor Giorgio explicó que incluso las dimensiones y la singular arquitectura del templo guardan un profundo significado. La capilla presenta una forma ovoide y su parte más larga mide 15 metros. Este número remite al 15 de agosto, fiesta de Mama Ashu, estableciendo un especial vínculo con la Virgen María, a quien en este lugar se invoca como Madre de Dios y Madre de la Esperanza.
Monseñor Giorgio recordó también que la construcción comenzó en 2019, después de la muerte del Padre Hugo de Censi, y que fue levantada para mantener viva su memoria y, sobre todo, aquello que enseñó con su vida. La capilla no constituye solamente un recuerdo de su persona, sino una invitación a continuar el camino que señaló: la búsqueda de Dios y el servicio generoso a los demás.
La obra pudo hacerse realidad gracias a una amplia comunidad de personas que, desde distintos lugares, sumaron esfuerzos. El padre Luca, párroco de Chacas, expresó su gratitud a las parroquias, comunidades religiosas y benefactores que colaboraron, así como a quienes hicieron llegar sus donaciones desde Italia y Baltimore. Destacó de manera especial el trabajo de los Artesanos de Don Bosco, los voluntarios, los jóvenes de las Casas de Don Bosco, los oratorios, las parroquias y los exalumnos, quienes ofrecieron su tiempo, sus manos y su esfuerzo para levantar la capilla en estas alturas.
Sus palabras permitieron reconocer que esta obra es fruto de una verdadera cadena de generosidad: de quienes ayudaron desde lugares lejanos y de quienes llegaron hasta la montaña para trabajar directamente en su construcción. El padre Luca pidió también tener presentes en la oración a los enfermos, a los catequistas que culminaban aquellos días su encuentro y a quienes ya habían partido a la Casa del Padre, recordando de manera especial al Padre Hugo de Censi y a un joven que perdió la vida en este lugar durante los campos de trabajo.
La memoria del Padre Hugo de Censi ocupó un lugar central en la homilía de monseñor Giorgio. Recordó su fallecimiento, ocurrido el 2 de diciembre de 2018, y el sentimiento de orfandad que experimentaron quienes habían crecido cerca de él y se reconocían como sus hijos. Tras su partida surgió una pregunta inevitable: cómo continuar. La respuesta, explicó, no podía consistir simplemente en repetir cuanto había hecho el Padre Hugo, sino en permanecer fieles a la dirección que había señalado con su vida.
Huachucocha era ya uno de aquellos lugares que el Padre Hugo de Censi miraba con especial interés, atraído por su silencio, su sencillez y por la posibilidad de compartir allí una experiencia con los jóvenes. Después de su muerte fue madurando la decisión de levantar una capilla y hacerlo de una manera concreta: no encargando simplemente la obra a una empresa, sino involucrando a los propios jóvenes y voluntarios, quienes fueron capaces de subir hasta estas alturas llevando cemento, arena, agua y cuanto fuera necesario.
“Estamos un poco más arriba, un poco más cerca al cielo; estaremos un poco más cerca al Padre Hugo”, expresó monseñor Giorgio al evocar el espíritu con el que comenzó esta aventura.
La propia arquitectura quiso recoger esa memoria. Monseñor Giorgio explicó que Mirko, arquitecto de la obra, concibió la capilla como “el abrazo del Padre Hugo”. Sus formas parecen extenderse para acoger a quien llega hasta ella, convirtiendo la construcción en una imagen visible de algo mucho más profundo.
“Este abrazo quiere decirte que Dios te acogerá y te hará feliz”, señaló el administrador apostólico.
Desde esa imagen, la homilía condujo hacia uno de los rasgos que monseñor Giorgio destacó en la espiritualidad del Padre Hugo de Censi: su espera y búsqueda constante de Dios. Una espera que nunca significó permanecer inmóvil. Recordó entonces una expresión que el Padre Hugo solía utilizar, “flamear una banderita”, para referirse a aquellas obras buenas que una persona puede realizar mientras espera al Señor: ayudar a los pobres, acompañar a los niños, a los ancianos y a los enfermos, acercarse a quien necesita ayuda y ofrecer gratuitamente el propio tiempo y las propias fuerzas.
“Para esperar a Dios, a Jesús, haz algo por alguien. Muévete, anda; regala tu tiempo, regala tus cosas, tu fatiga, tu vida”, exhortó monseñor Giorgio.
La Virgen María apareció entonces como el ejemplo más hermoso de esa espera que se transforma en servicio. María esperaba a Jesús, pero no permaneció encerrada en sí misma: se puso en camino para ayudar a su prima Isabel. Bajo esta misma mirada, el esfuerzo de tantas personas que hicieron posible la capilla adquiere también un sentido espiritual: manos que trabajaron, jóvenes que caminaron y cargaron materiales, voluntarios que entregaron días de su vida y personas que colaboraron generosamente desde lejos.
También la orientación del templo guarda un mensaje. La capilla fue concebida de este a oeste, desde donde nace el sol hasta donde se oculta. Monseñor Giorgio encontró allí una imagen de la existencia humana, desde el comienzo de la vida hasta su término, e invitó a cada peregrino a preguntarse: “¿Dónde va tu vida? ¿Habrá alguien que acoja esta vida? Búscalo. Busca al Señor que acoja tu vida. Espéralo”.
Llegar hasta Huachucocha supone caminar, esforzarse y, como señaló sencillamente monseñor Giorgio, “sudar un poquito”. Pero ese esfuerzo conduce a un lugar donde el silencio y la belleza de la creación permiten detenerse, contemplar y volver la mirada hacia lo esencial.
Ante el imponente paisaje que rodea la capilla, monseñor Giorgio dejó una de las expresiones más significativas de su homilía: “Necesitamos cosas lindas, necesitamos mirar cosas lindas, necesitamos hacer cosas lindas; cosas que tengan un perfume de Dios”.
La belleza contemplada desde estas alturas se convierte así en una llamada. Si Dios ha regalado al ser humano la belleza de la creación, también cada persona puede preguntarse qué cosa bella y buena puede hacer con las manos, las capacidades y la vida que ha recibido.
En el corazón de la capilla, la presencia de Santa María Madre de Dios acompaña este mensaje. María, que llevó a Jesús en su vientre, lo esperó, lo cuidó y permaneció junto a Él, fue invocada para acompañar también a quienes recorren los caminos de estos valles hacia Huari, Llamellín, San Luis, Chacas y las numerosas comunidades de esta geografía diocesana.
Uno de los elementos de especial significado se encuentra en el altar. Su mesa está constituida por una roca sólida traída desde Shilla que, según el testimonio compartido durante la jornada, se rajó la misma noche en que falleció el Padre Hugo de Censi. Incorporada ahora al lugar donde se celebra la Eucaristía, esta piedra guarda una memoria particularmente profunda para quienes conocieron al Padre Hugo y continúan su legado.
Concluida la Santa Misa, el Santísimo Sacramento fue llevado hasta la nueva capilla y se realizó el rito de bendición con agua bendita y crisma. Posteriormente, los peregrinos pudieron ingresar al templo, recorrerlo, permanecer unos momentos en oración y confiar allí sus intenciones y propósitos.
Muy cerca de la capilla, sobre la montaña, la gran inscripción “SOLO DIOS” puede contemplarse desde la distancia. En medio de la inmensidad de los Andes, esas dos palabras recogen de manera sencilla y profunda el espíritu que acompaña este lugar y la enseñanza que marcó la vida del Padre Hugo de Censi.
Hacia el final de su reflexión, monseñor Giorgio evocó al Padre Hugo como un faro, cuya memoria continúa indicando una dirección: “La vida te hace olvidar de Dios. Tú recuérdalo cuando vienes acá, y también en tu vida”.
La Capilla Santa María Madre de Dios queda así como mucho más que una construcción levantada a más de 4,400 metros de altitud. Es fruto de muchas manos y corazones, expresión de gratitud por la vida y el legado del Padre Hugo de Censi, y un nuevo lugar de oración y peregrinación para la Diócesis de Huari.
Allí, donde el camino exige esfuerzo y el silencio de las montañas invita a mirar más allá de uno mismo, cada peregrino encontrará un espacio para detenerse, contemplar la belleza de la creación, servir con generosidad y dejarse abrazar por Dios. Y en medio de la inmensidad de Huachucocha, una expresión permanece como invitación y horizonte para la vida cristiana: “SOLO DIOS”.
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Por Michel Malqui Hidalgo


























